De calle en calle fue sintiendo cómo le costaba situarse en el presente, en lo que tendría que suceder media hora más tarde.
La carta de mamá lo metía, lo ahogaba en esa realidad de esos dos años de vida en Paris, la mentira de una paz traficada, de una felicidad de puertas para fuera, sostenida por diversiones y espectáculos, de un pacto involuntario de silencio en que los dos se desunían poco a poco como en todos los pactos negativos.
Sí, mamá, sí, pobre Boby sarnoso mamá. Pobre Boby, pobre Luis, cuánta sarna, mamá.
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