pero Laura las releía, a las mujeres les gusta releer las cartas, mirarlas de un lado y de otro, parecen extraer un segundo sentido cada vez que vuelven a sacarlas y mirarlas. Las cartas de mamá eran breves, con noticias domésticas, una que otra referencia de orden nacional (pero esas cosas que ya se sabían por los telegramas Le Monde, llegaban siempre tarde por su mano). Hasta podía pensarse que las cartas eran siempre las mismas... escuetas y mediocres... SIN NADA INTERESANTE.
Lo mejor de mamá era que nunca se había abandonado a la tristeza.
La tristeza que debía causarle la ausencia de su hijo y su nuera.
Ni siquiera al dolor -tan a gritos, tan lágrimas al principio- por la muerte de Nico.
Nunca, en dos años que llevaban ya en París, mamá había mencionado a Nico en sus cartas. Era como Laura, que tampoco lo nombraba y hacías más de dos años que Nico había muerto.
La repentina mención de su nombre a mitad de la carta era casi un escándalo.
...ya el nombre se situaba en una frase incomprensible y absurda, en algo que no podía ser otra cosa que un anuncio de senilidad.
De golpe mamá perdía la noción del tiempo... se imaginaba que...
...un punto apenas marcado con la débil tinta azul comprada en el almacén del barrio, y a quemarropa:
"Esta mañana Nico preguntó por USTEDES." El resto seguía como siempre: la salud, la prima Matilde se había caído y tenía la clavícula sacada, los perros estaban bien. Pero Nico había preguntado por ellos.
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