A veces, no hay ni palabras.
Quedo sola con la mente como una calesita girando en falso.
Me ahoga la piel que habitan.
Me ahoga que no se den cuenta
No registren naturalmente que se destruyen.
¡Que tragedia!
A mi me duele, pero ellos se destruyen.
De este lado del mundo nuestra luminosidad no tiene flagelo.
22 de julio, 2010 con flores
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